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INCENTIVOS:
CAMBIO DE MODELO RETRIBUTIVO
La Reforma Sanitaria
iniciada formalmente en 1996 -si bien los inicios reales datan de 1984,
momento en que la financiación se separa de la provisión de
servicios-, supone un ataque al carácter público de la Sanidad y un
mecanismo de privatización, al empresarializar e introducir la
competencia entre centros sanitarios, permitir que estos puedan tener
propiedad privada y legislar las leyes que permiten la
descapitalización pública de los centros sanitarios y del propio
sistema, permitiendo la entrada de capitales y sociedades privadas en la
gestión y control de centros y servicios, y abandonando éstos a las
leyes del mercado, al establecer a éstas como los elementos reguladores
del nuevo modelo sanitario.
Las medidas que desarrolla
esta Reforma se dirigen a controlar los gastos sanitarios y a reducir
los costes de producción a fin de posibilitar que los nuevos gestores y
empresarios obtengan los máximos beneficios económicos privados. Esta
política de obtención de beneficios supone un ataque a la población,
que va a sufrir las consecuencias de un importante recorte de derechos
sanitarios (disminución de las prestaciones gratuitas del sistema e
incremento de las dificultades para acceder a las gratuitas, junto a la
evidente pérdida de calidad de la atención), y a los trabajadores,
dado que en la Sanidad Pública el 60% del gasto lo asume el capítulo
de personal, lo que hace inevitable la reducción de plantillas y el
empeoramiento de las condiciones laborales.
Y es en este marco donde
debe ser contemplado y analizado el cambio de modelo retributivo que se
está produciendo en el aún sector sanitario público.
La intención
evidente de personalizar e individualizar salarios y condiciones
laborales responde a varios objetivos:
1. Romper la presión que
puedan ejercer los trabajadores en defensa de sus intereses laborales,
al eliminar toda posibilidad de negociación colectiva, máxime cuando
en el sector sanitario se tiende, con las Nuevas Formas de Gestión y la
laboralización creciente de su personal, a que ésta sea en el futuro
la vía de definir salarios y condiciones de trabajo. No debemos olvidar
que la negociación colectiva ha supuesto un gran avance del mundo del
trabajo para defender sus intereses y que un retroceso en este sentido
colocará a los trabajadores en una delicada situación de indefensión.
Los incentivos, que en un comienzo se vinculan a objetivos económicos,
acaban vinculándose al buen comportamiento (colaborar y asumir
cualquier cosa que planteen las Direcciones, al margen de la legalidad
laboral o las consecuencias que tengan sobre la población), y al grado
de implicación del trabajador en la marcha de la empresa, potenciando
comportamientos pasivos y sumisos. Esta política de incentivos y
personalización del puesto de trabajo pretende, a su vez, dificultar y
neutralizar la respuesta que desde el terreno de los trabajadores
sanitarios pueda darse a las políticas privatizadoras del capital, al
romper el sentimiento colectivo de éstos y enmascarar la causa común
de sus problemas.
2. Enmascarar las
responsabilidades de la Administración en el recorte de prestaciones,
presentando a los trabajadores del sector como los protagonistas de los
mismos a través de los Contratos de Gestión, dado que éstos Contratos
suponen que los trabajadores asumen "voluntariamente" el
cumplimiento de unos objetivos a cambio de la posibilidad de obtener
unos incentivos monetarios. Los objetivos de estos Contratos se centran
en disminuir la petición de pruebas diagnósticas, reducir la estancia
media hospitalaria -favorececiendo las altas prematuras-, recortar
procesos terapéuticos y elegir tratamientos de inferior coste por los
que no se optaría si no existiesen dichos incentivos, establecer
perfiles de gasto farmacéutico por habitante y año y su cumplimiento
(lo que tiende a reducir el acceso a esta prestación), disminuir las
derivaciones a especialistas y centros hospitalarios y entre servicios
sanitarios, ahorrar en los gastos de personal mediante la no cobertura
de las ausencias o el doblaje de turnos y la disminución de la
contratación, lo que supone hacer dejación de derechos laborales por
parte de los trabajadores (el cumplimiento de estos contratos implica el
incumplimiento de derechos laborales regulados por la actual
legislación), etc.
3. Favorecer el
enfrentamiento entre trabajadores de diferentes centros y servicios, al
establecer un sistema de competencia entre los mismos por alcanzar esos
incentivos, dado que actualmente tienen un carácter graciable y sólo
los alcanzan quienes cumplen los objetivos y alcanzan mejores
resultados. No puede perderse de vista que entre los objetivos a corto
plazo de la Administración figura el que éstos alcancen el 25% de los
ingresos por trabajador, sin que suponga un objetivo cerrado (cuando
ésta cifra se alcance podría ser ampliada). Por otra parte, el reparto
que se realiza entre categorías ahonda las ya importantes diferencias
salariales existentes en la actualidad, siendo la tendencia a
incrementar cada año las mismas. Si tenemos en cuenta que el producto
sanitario sale adelante con el trabajo necesario de todas las
categorías, resulta que las categorías con ingresos inferiores están
financiando a las más poderosas salarialmente. Esta división y
enfrentamiento intensifica la tendencia, ya planteada en el apartado
primero, a impedir una respuesta conjunta del sector a las agresiones
que sufre.
4. Favorecer el
enfrentamiento entre la población y los trabajadores sanitarios, e
impedir que actúen conjuntamente en defensa de sus intereses en unos
momentos en que la tendencia a confluir tiene una intensidad objetiva
que no se ha dado en otros momentos, debido a las características de la
agresión que se está produciendo.
Por otra parte, la
experiencia de zonas donde la Reforma Sanitaria está más avanzada
(Catalunya o Andalucía) y los ataques a los servicios sociales se han
realizado en mayor profundidad que en el territorio INSALUD, deja
patente que no se han producido mejoras para la población (aumento del
gasto sanitario sin repercusión positiva en la salud de la población o
empeoramiento de la gestión, como lo demuestra el último estallido por
las listas de espera), ni para los trabajadores (últimas movilizaciones
en los Hospitales catalanes pidiendo más plantillas y medios, o la
huelga en Atención Primaria).
En definitiva, esta
Reforma Sanitaria y sus mecanismos privatizadores, entre los que juega
un papel determinante la variación del modelo retributivo con sus
incentivos, agrava los problemas sanitarios para la población e incide
laboralmente de forma negativa sobre las plantillas, cargas de trabajo,
derechos laborales y dotación de medios, disminuyendo la fuerza de los
trabajadores y su capacidad de presión, al tender a eliminar los
canales colectivos de negociación mediante la individualización de
salarios, cargas y funciones. A cambio de unos incentivos, que salen del
sobretrabajo realizado y no suponen más que una parte de éste, los
trabajadores hacen dejación de sus derechos laborales y contribuyen a
crear una nueva situación donde su indefensión se acrecentará, siendo
más sensibles a estas pérdidas las categorías más débiles del
actual esquema sanitario.
UNA
NECESIDAD ESTRATÉGICA: ROMPER EL NUEVO MODELO RETRIBUTIVO
Los puntos fuertes
para imponer este modelo retributivo se asientan en los bajos salarios
del sector y el poder de la Administración para imponer las condiciones
materiales de los trabajadores, unido a la desorganización de éstos.
Pero también tiene sus puntos débiles, basados en la propia esencia
del modelo, ya que éste se utiliza para imponer todo lo que tenga que
ver con desregular las condiciones laborales o la aplicación de medidas
atentatorias contra derechos sanitarios de la población. Esto facilita
que el tema retributivo aparezca bajo toda manifestación de descontento
o cualquier queja, protesta o movilización. Igualmente permite a la
población ejercer presión, incluso por la vía jurídica, generando
unas fuerzas que van a empujar a los profesionales en sentido contrario
al provocado por la Administración, abriendo la puerta para que
aquellos tiendan a no asumir los riesgos derivados del recorte de
prestaciones.
Debe iniciarse un proceso
de explicación y sensibilización sobre este modelo retributivo que
está avanzando progresivamente. Esto implica intensificar los ataques a
los Contratos de Gestión, desenmascarando el sobretrabajo realizado no
pagado y su relación con la disminución del salario fijo, del salario
total y del empleo. A su vez, hacer ver la relación existente entre
individualización de salarios y pérdida de la capacidad de presión de
los trabajadores para hacer frente a los problemas comunes que les
afectan y defender sus intereses, dejándoles a merced de las
Direcciones de turno, y como éstas, en la medida que se desarrolle el
nuevo modelo de salarial, podrán imponer progresivamente actividades
ajenas al puesto de trabajo, en una espiral sin límite que pretende
sumir al trabajador en una situación de dependencia, sumisión e
indefensión absoluta.
Es preciso lanzar
alternativas que fortalezcan la actuación conjunta y el espíritu
colectivo, agrupando las fuerzas necesarias para abordar puntos como la
recuperación del poder adquisitivo perdido en estos 15 últimos años y
lograr que las subidas salariales se establezcan sobre la inflación
real y no sobre la prevista (ya que supone la pérdida anual de poder
adquisitivo), la disminución de las enormes diferencias salariales
entre categorías o el cumplimiento de "a igual trabajo igual
salario", para acabar con las importantes diferencias existentes
entre Comunidades Autónomas.
A su vez, extender
entre la población la política perversa de la Administración en
cuanto a nueva financiación de los centros sanitarios y nuevo modelo
salarial de los trabajadores del sistema, y como éste pretende limitar
o anular la respuesta de los trabajadores y vincularles a las políticas
de restricción de derechos sanitarios. Debe explicarse de donde salen
los incentivos y que el objetivo de éstos es la reducción y
limitación de acceso a medios diagnósticos y de tratamiento, así como
la disminución de plantillas y el caos funcional de las mismas, lo que
va a disminuir la calidad de la atención prestada. Y que esta
reducción se debe a la necesidad de liberar bolsas de dinero que
constituirán buena parte de los beneficios que obtendrán los nuevos
dirigentes de las Nuevas Formas de Gestión, embrión de futuros
empresarios privados sanitarios, y el sector privado existente
(insistiendo en el incremento de los conciertos o contratos con la
privada a cambio de que ésta preste servicios que hasta daba el sector
público).
Para llevar esto hacia
delante, las alternativas organizativas deben orientarse a favorecer un
amplio frente que agrupe trabajadores y usuarios. Debe potenciarse la
organización de un amplio abanico de posicionamientos, desde aquellos
que se oponen a las nuevas formas de pago a centros y trabajadores por
defender simplemente su salario, hasta aquellos que lo hacen por motivos
éticos o ideológicos; desde aquellos que enmarcan esta medida en la
reforma sanitaria que se lleva a cabo y toman postura beligerante hacia
ésta, hasta aquellos que se oponen sólo a algunos de sus aspectos.
Porque combatir el nuevo modelo retributivo, íntimamente ligado a las
nuevas formas de pago a los centros, significa tocar en la línea de
flotación de la reforma sanitaria, ya que ésta no podrá desarrollarse
en la medida que se frenen estos aspectos. De ahí la importancia de
potenciar las Plataformas o cualquier agrupamiento de trabajadores y
usuarios. La constitución de este frente amplio exige que las fuerzas
con posturas más firmes y más combativas lo inicien y extiendan, dado
que no serán las fuerzas con posturas más ambiguas quienes lo hagan.
Su constitución no significa que nuestras posturas se abandonen o
difuminen, ni que no extendamos nuestras alternativas o no critiquemos
las posturas que no compartamos de otras fuerzas. Pero el enfoque de las
críticas y nuestras alternativas no deben ser destructivas ni
excluyentes. Si nuestras críticas son acertadas y tenemos propuestas
que suponen una mejora para la población y para los trabajadores, la
cuestión es poner todo esto sobre la mesa y acabar, en lugar de
enredarnos, con todo tipo de discusiones accesorias. Por otra parte,
nuestras propuestas van dirigidas a amplios sectores sociales y de
trabajadores, organizados o no, siendo nuestro punto fuerte para
llevarlas adelante la carencia de una concepción empresarial de la
organización, lo que nos da una amplia libertad de movimientos y
despreciar las guerras entre organizaciones o siglas poniendo las ideas
en el centro de la acción. |