Transferencias
Sanitarias a la Comunidad de Madrid


Los objetivos de la Administración son instaurar un modelo sanitario mixto público/privado y crear un "mercado" sanitario controlado y sometido a conveniencia, a través del poder que se deriva de la facultad de derivación de pacientes a los centros, con la finalidad de reducir las prestaciones públicas gratuitas y los costes de las mismas, y de trasvasar fondos públicos al sector privado. Toda esta política, en último término, responde a los intereses de los sectores financieros por apoderarse de los más de 4 billones de pts que alcanza la financiación pública de la sanidad, es decir, responde al interés por apropiarse de la parte de nuestro salario (salario diferido o en especie) que los ciudadanos entregamos, vía impuestos, para financiar nuestras necesidades sanitarias, lo que supone un ataque al conjunto de los trabajadores del Estado. Cinco son sus líneas básicas de desarrollo: 

1. Variar la actual financiación sanitaria finalista (partidas cerradas que parten del Ministerio de Hacienda y que las CCAA no pueden alterar, garantizando así su destino), por la generalista, que incluye estos fondos en la financiación general de las CCAA, para que éstas procedan posteriormente a su reparto, dejando la financiación sanitaria a expensas de la influencia de las Consejerías de Salud en sus gobiernos autónomos y de los intereses políticos de éstos, que podrían enjugar con ellos sus déficit (como han dejado entrever diversas CCAA), ya que los fondos sanitarios suponen entre el 30 y el 40% de la financiación global de cada Comunidad. La importancia de la financiación es clave en el mantenimiento de los servicios sanitarios públicos y de las plantillas. 

A su vez, cada Comunidad Autónoma podrá ampliar el catálogo de prestaciones común al sistema sanitario si corre con sus gastos (copago o aumento de los impuestos), quebrando la solidaridad y la equidad del sistema al generar una dispersión de derechos sanitarios que afectará, en primer lugar, a las CCAA más débiles económicamente, para extenderse con el tiempo al conjunto de la sociedad. Este modelo de financiación, actuará fraccionando el sistema sanitario público, dispersando prestaciones y derechos sanitarios, y favoreciendo la imposición de políticas restrictivas de personal y desreguladoras de las condiciones laborales.

 2. Impulsar masivamente los conciertos con el sector sanitario privado. La CAM, en su previsión de organización de recursos con motivo de las transferencias, no ampliará ni creará ningún nuevo servicio sanitario público hasta haber "optimizado" la totalidad de los recursos privados existentes, incluyendo a éstos dentro de la oferta al ciudadano sustentada con financiación pública. Esta medida supone derivar importantes cantidades monetarias al sector privado y la introducción masiva de éste en el sistema sanitario en igualdad de condiciones con el sector público. 

Por otra parte, si la financiación se dirige en la dirección privada, lo mismo sucederá con los equipamientos, aumentando la capacidad sanitaria privada. La expansión de este sector, provocará una disminución de la oferta pública de empleo y un aumento de la privada, generando un flujo de personal hacia el sector privado en la medida que se restrinjan las plantillas públicas. Teniendo en cuenta que la competitividad del sector privado nace del abaratamiento de sus costes de personal (emplean 1/3 del personal del sector público, sin respeto de las categorías, sin reglamentación laboral y con muy bajos salarios medios), y de la pérdida de calidad de la atención prestada, son más que previsibles las pérdidas globales de empleo, de salarios y de condiciones laborales que se producirán. 

3. Separar las funciones de financiación, compra y provisión de servicios. La población dejará de estar adscrita a un Hospital o centro sanitario concreto, pasando a "pertenecer" al Servicio Regional de Salud, que será el organismo encargado de la compra de servicios sanitarios, públicos o privados, y de la distribución, a través de unas Agencias Sanitarias dependientes de este ente, de los pacientes a los distintos centros contratados en la Comunidad. Aparte de la imposibilidad del consumidor para juzgar el servicio sanitario recibido (carece de los conocimientos necesarios para ello, lo que implica que la competencia de centros en lugar de establecerse sobre la calidad suele hacerse sobre los precios, comodidades y marketing), se abren dos serias incertidumbres: La tendencia a la pérdida del control público sobre la compra de servicios sanitarios (al entregarse esta función a órganos más permeables a la penetración privada, bajo la farsa de la libre elección de médico y centro por parte del paciente), y la posibilidad de que se establezcan flujos interesados de población y, por tanto, financieros hacia centros determinados o, incluso, que se castigue o promocione centros a través de la derivación de pacientes. 

Por otra parte, parece un sin sentido promover la libertad de elección individual al tiempo que se reducen las formas de protección colectiva (disminución de la financiación pública sanitaria, restricción de las prestaciones gratuitas del sistema mediante el establecimiento de un catálogo básico de prestaciones). No se trata de elegir centro sino de ejercer control sobre los centros y sobre el sistema, de decidir el tipo de sanidad y su orientación, teniendo en cuenta que controlar implica comprobar, inspeccionar e intervenir, y que esto debe hacerse colectivamente. 

4. Imponer la privatización de la gestión de los organismos que agrupen las distintas ofertas públicas. El Servicio Madrileño de la Salud (que agrupará a los centros públicos que provengan de la CAM), y el Instituto Madrileño de la Salud (que agrupará a los centros provenientes del INSALUD), serán entes públicos de derecho privado, lo que significará de hecho la privatización de la gestión máxima de los servicios de procedencia pública y orientará el futuro de la gestión de los servicios que coordinan. 

Como la provisión de servicios también procederá del sector privado se abrirá una línea competitiva de precios entre la pública y la privada, y en un período breve y a medida que la privada, educada en la competencia, intente captar una mayor cuota de mercado, ofertará mejores precios a los representantes de la Administración (que saldrán en buena parte de la mayor explotación a la que someten a sus trabajadores), provocando graves problemas a la provisión pública -mucho más vulnerable si pretende mantener unos estándares mínimos de calidad-, e imprimiendo una presión sobre la misma en la dirección del funcionamiento del sector privado, con las consecuencias imaginables sobre la atención, los niveles de salud, los salarios y las condiciones laborales.

 5. Instaurar, laboralmente, un modelo disgregador de salarios y condiciones de trabajo. Para ello se elude la homologación salarial del personal proveniente del INSALUD (entre 35.000 y 40.000 millones de pesetas), manteniendo las actuales diferencias salariales entre éste y la CAM (500.000 ptas/año para médicos, auxiliares de enfermería, auxiliares administrativos y personal de oficio; 300.000 ptas/año para celadores y pinches; 700.000 ptas/año para DUEs y técnicos especialistas), y los bajos salarios existentes (pérdida de 13 puntos de poder adquisitivo en los últimos 10 años, que ha supuesto que el salario de varias categorías se sitúe en la mitad del salario medio del Estado), así como la imposibilidad de lograr en el futuro una homologación que otros han logrado, PORQUE ESTA SITUACIÓN NO VOLVERÁ A REPETIRSE, ya que aplazar la homologación haría imposible la misma en el futuro, dada la profundidad de las transformaciones que sufrirá la estructura del sistema (empresarialización de servicios y centros sanitarios) y la diferenciación de salarios y condiciones laborales, que se establecerán por centros.

El futuro del personal interino es incierto, vinculándose a la existencia de financiación suficiente. Las elevadas cifras de trabajo temporal (en torno al 30%, alcanzando algunos centros y categorías el 40%), suponen un amplio volumen de empleo fácilmente suprimible, cosa que facilitará la presión del sector privado (que tirará del empleo público hacia abajo). De ahí la importancia de lograr que este personal pase a ser estatutario antes de la culminación de las transferencias (ÚLTIMA OPORTUNIDAD DE LOGRAR UN EMPLEO FIJO Y CON DERECHOS PARA ESTE PERSONAL). La oferta de la Administración de laboralizar al actual personal interino, esconde la trampa de permitir su despido cuando lo considere necesario. Estos despidos se producirían centro a centro y en unas condiciones donde la actual cohesión que presenta este personal se habría esfumado, disminuyendo así su capacidad de defensa y estableciéndose una correlación de fuerzas favorable a la Administración, cosa que hoy no se da. Al estar marcado su futuro por la disminución del volumen de empleo sanitario global y por la tendencia al crecimiento de los conciertos con el sector sanitario privado, el actual personal interino se vería abocado al paro o a ser contratado en el sector privado. 

Sólo la movilización puede hacer retroceder la agresión que encierra el proceso transferencial. Tenemos mucho que ganar o perder, y este es el momento en que van a definirse las ganancias o pérdidas, sin más aplazamientos. El panorama sanitario y laboral no será el mismo tras el proceso de transferencias, ya sea en un sentido o en otro, y su resultado marcará la situación y la correlación de fuerzas para el decenio que viene. Por todo ello, entendemos que es el momento de agruparse y crear un amplio bloque capaz de desbaratar estas políticas restrictivas que caracterizan el proceso de transferencias. Por ello, hacemos un llamamiento público a todas las fuerzas sindicales, políticas y sociales para que se sumen a un proceso de información y movilización.