ACUERDO GOBIERNO DEL PP CON LOS SINDICATOS CCOO, UGT Y CSIF PAZ SOCIAL SIN RECUPERACIÓN DE PLANTILLAS NI DE PODER ADQUISITIVO NI INSTAURACIÓN DE LA JORNADA DE 35 HORAS, E INSTAURACIÓN DEL SALARIO DIFERIDO Y DE LA MOVILIDAD GEOGRÁFICA Y FUNCIONAL.

 MARCO PRESUPUESTARIO EN QUE SE REALIZA EL ACUERDO.

1. La culminación del proceso de transferencias dificulta enormemente un análisis detallado de la asignación por materias de los Presupuestos Generales del Estado para el 2003, ya que sería preciso disponer de la totalidad de los Presupuestos por Comunidades. Por otra parte, la decisión de incluir la financiación de diversos sectores (enseñanza, sanidad,...) en el modelo general de financiación autonómica (financiación generalista) -permitiendo que los gobiernos de las autonomías repartan los fondos entre las distintas consejerías-, en lugar de consignar esas cantidades directamente desde los PGE para su gestión por parte de los gobiernos autonómicos (financiación finalista), impide saber previamente las cantidades destinadas a los diversos sectores, aumentando así el oscurantismo y la imposibilidad de control. Todo ello es debido a que el proceso de transferencias ha respondido no a un principio descentralizador y de acercamiento de las instituciones a la población, sino a la intención de facilitar el desmantelamiento y la privatización de los servicios públicos de carácter social.

2. El carácter esencial de los PGE para el 2003, puede apreciarse en el hecho de una nueva disminución de los impuestos directos, disminuyendo los ingresos del Estado a través del IRPF en 2.889 millones de € (el tipo máximo desciende de un 48% a un 45%, en beneficio de los grandes poseedores), en tanto que los ingresos procedentes de impuestos indirectos aumentarán en 4.018 millones de € (a comienzos de 2002, el Estado ya ingresaba un 52% a través de los impuestos indirectos y un 48% por los impuestos directos, aumentando los actuales Presupuestos esta diferencia en favor de los primeros). Esto unido a la nueva disminución de los tramos de cotización, significa una importante disminución impositiva para los influyentes capitales financieros, las empresas (favoreciendo a las mismas de forma creciente según aumenta su volumen) y las grandes propiedades. La consecuencia es una agudización de la tendencia de los últimos años de aumentos impositivos inversamente proporcionales a los niveles de renta -que castiga con más dureza a los sectores más débiles económica y socialmente-. Los ingresos del Estado procedentes de las rentas del trabajo se acercan al 80%, en tanto que los procedentes de las rentas del capital disminuyen hasta casi el 20%.

3. Las tendencias de insuficiencia presupuestaria de los últimos años, se vieron acelerada con la instauración de políticas presupuestarias de déficit cero en 2001. En 2002, la previsión de crecimiento de los ingresos del Estado se situaba en un 6,2% nominal, en tanto que los gastos no excederían el 5,1% nominal, ingresándose más de lo que se gasta. Igualmente, en 2002 se ha rebajado, a pesar del reducido tipo del mismo (22,6% en 1998) el Impuesto de Sociedades (destacando la disminución de tributación de las plusvalías que las empresas obtengan en la venta de sus activos o bienes de un 35% a un 18%), y ello al tiempo que se mantiene una presión fiscal 7 puntos por debajo de la media europea (35,4 frente a 42,5) en beneficio del 10% de la población más rica.

4. La tendencia en 2003 es proseguir con la restricción de los gastos sociales y de la protección social, aumentando ligeramente la diferencia de 5 puntos de PIB existente en 2002 con la media europea (22% en España frente a 27% de media europea). No puede olvidarse que la disminución de la protección social en España ha caído 3,1 puntos desde 1993, colocando a España en el furgón de cola de la UE, siendo rebasada por Grecia y Portugal. Por otra parte, la existencia de impuestos finalistas, como los que operan sobre alcohol y tabaco, amenazan con extenderse tras la creación de un nuevo impuesto sobre los carburantes en la Comunidad de Madrid, cuya finalidad en financiar determinadas prestaciones y planes sanitarios (Plan de Calidad). La extensión de este tipo de impuestos no sólo impide la planificación o grava sin tener en cuenta los niveles de renta, sino que somete los derechos sanitarios, en este caso, y sociales a las oscilaciones de consumo de determinados productos.

 5. Los PGE para 2003 no son creíbles, como han manifestado diversos organismos, entre ellos el Fondo Monetario Internacional o la Comisión Europea. El gobierno mantiene el déficit cero y hace unas previsiones de crecimiento de la economía española de un 3%, una creación de 282.000 empleos, y un incremento de la inflación del 2%.

Los ingresos del Estado crecen en un 4,3% (excluida la cesión de impuestos a las CCAA) y los gastos un 4,1%, siguiendo la tónica general de ingresar más de lo que se gasta. De esta manera el déficit del Estado alcanzaría el 0,5% del PIB, en contra de las tendencias de los grandes Estados de la UE, que han logrado de la Comisión Europea el aplazamiento hasta el 2006 para imponer el déficit cero en sus presupuestos. La consecuencia será aumentar las abismales diferencias que España mantiene en gastos sociales con la media europea y una mayor pérdida de "bienestar" comparado entre la población del Estado español respecto a las poblaciones de la UE.

 Las previsiones de crecimiento económico son irreales, y no sólo por la corrección del FMI de un 3% a un 2,7%. No puede perderse de vista que la inversión empresarial privada cayó a lo largo de 2001 (pendientes los datos de 2002, si bien todo apunta a ligeras oscilaciones sobre los datos de 2001: la previsión última del FMI sitúa el crecimiento del PIB español en 2002 en 2 puntos, rebajando al menos un 0,3, siendo ésta la 2ª rebaja tras la producida en abril de 2002), ni la existencia de una situación de incertidumbre mundial provocada por las bajas tasas de crecimiento en EEUU, por el aumento de la política intervencionista y bélica de este Estado (actualmente mantiene presencia militar en más de 140 Estados, la mayor desde la II Guerra Mundial), o por la política desatada por Bush contra la Seguridad Social y las pensiones en EEUU, sin olvidar la inestabilidad bursátil que caracteriza este período, que el precio del petróleo ya ha superado toda expectativa y que la crisis latinoamericana promete más sorpresas (habrá que ver si el crecimiento negativo de esta zona mundial, -0,6% previsto, es capaz de enjugarlo la recuperación asiática).

 La previsión de un 2% de inflación para 2003 tampoco es seria, máxime si se tiene en cuenta que la inflación acumulada en agosto pasado superaba el 3,6% (en la actualidad alcanza el 4%) y la subyacente el 3,8%, dejando muy atrás las previsiones de un 2% para el año 2002.

 Si el crecimiento va a ser inferior al previsto y la inflación mayor, las previsiones de creación de empleo no se cumplirán y las reducciones de los gastos sociales generarán un mayor empobrecimiento y una pérdida de protección social para los trabajadores sin contrapartida alguna.

6. Otros datos que deben ser valorados son el aumento desmesurado del precio de la vivienda -que en el primer trimestre ya superaba el 15,4%-, impidiendo el acceso a las mismas por parte principalmente de los jóvenes, y las mejoras fiscales en los alquileres que se incluyen en los PGE para 2003, y que exclusivamente benefician a los caseros, con deducciones de un 40% que pueden llegar incluso al 100% de la renta.

ACUERDO PARA LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS.

1. El reciente Acuerdo salarial para las Administraciones Públicas entre el gobierno del PP y los sindicatos CCOO, UGT y CSIF, tendrá un coste de 129,62 millones de € durante un dos años y afectará a 2,3 millones de empleados públicos, repartiéndose estos fondos de la siguiente manera: 71,8 millones de € (55,39%), se destinarán a conceptos consolidables, al incrementar las pagas extraordinarias que actualmente se sitúan entre un 45% y un 60% de la retribución mensual; 24,65 millones de € (19,01%) tendrán como finalidad constituir por 1ª vez en el sector público un fondo de pensiones, abriéndose así la puerta a la creación de salarios diferidos; 28,36 millones de € (21,88%), generarán crecimientos salariales no consolidables, en función de la consecución de objetivos.

 2. Este reparto supone un incremento de las retribuciones de los empleados públicos para 2003 de un 2,7% general. El 0,6% restante (hasta el 3,3%), que al parecer sólo percibirán los empleados dependientes de la Administración General del Estado, irá ligado al cumplimiento de objetivos de productividad, que se centran en favorecer la movilidad geográfica y funcional, o la variación y prolongación de jornada. Esta proporción se mantiene para el 2004, donde la suma de ambos conceptos supondrá un 3,2%.

3. Las contrapartidas:

  • Disminución de la tasa de temporalidad, que alcanza en la función pública el 22%, a un 8%, lo que significa aumentar la proporción de empleo fijo. No se habla de la cobertura de las ausencias, verdadero azote que disminuye las plantillas reales y aumenta unas cargas y ritmos de trabajo ya de por sí elevadas, producto de la insuficiencia de plantillas.
  • Eliminación de la tasa de reposición del 25%, que sólo autorizaba a cubrir 1 de cada 4 bajas por jubilación o excedencia, sin que se haya establecido una nueva cuota o exista obligación de reponer el 100% de las mismas. Esto supone que la reposición de plantillas queda sujeta, en último término, a la existencia de financiación suficiente de las diferentes materias o de voluntad política.

4. Las concesiones de los sindicatos firmantes:

  • Renuncia a introducir la cláusula de revisión salarial, única garantía de mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios. El gobierno logra así mantener por un período de 2 años, al menos, la desligazón entre inflación y subida salarial, ligando ésta a objetivos de productividad (uno de los objetivos centrales de la política económica gubernamental, como ha declarado el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro). Las consecuencias serán nuevas pérdidas de poder adquisitivo, dadas las enormes diferencias entre inflación prevista e inflación real. En 2002, sin ir más lejos, la pérdida de poder de compra de los salarios de los empleados públicos será de 2 puntos (la inflación real va a doblar los 2 puntos de inflación prevista). Culpar al incremento de salarios de la subida de la inflación es grotesco, máxime cuando los beneficios empresariales han superado el 20% durante los últimos años.
  • Renuncia a imponer con carácter general la jornada de 35 horas semanales, manteniendo la jornada de 37,5 horas (en cómputo anual al menos en sanidad, lo que aumenta el exceso de horas trabajadas y la pérdida general de libranzas y festivos libres).
  • Favorecer la movilidad geográfica sin límites y la movilidad funcional, con movimiento de personal hacia las zonas de mayor carencia. Variación de la jornada y ampliación horaria. Estas medidas serán, inicialmente, incentivadas, mediante el pago de unas cantidades por una vez y sin lugar a consolidación, pero estos desembolsos, igual que los destinados al cumplimiento de objetivos, producen -como dice el ministro de Administraciones Públicas, Javier Areanas-, un ahorro para la Administración, lo que significa que aumenta el trabajo no remunerado, al aumentar el producto del trabajo que no percibe el trabajador.
  • Instauración de salario diferido o en especies (fondo de pensiones). Debe tenerse en cuenta que los fondos de pensiones o las cantidades destinadas a la formación, no pueden entenderse como subidas salariales, como bien dicen fuentes ministeriales.
  • No se establece ningún plan ni ninguna dotación de fondos para recuperar las plantillas perdidas y lograr su ampliación hasta ajustarlas a las necesidades de la población (en sanidad, por ejemplo, se ha perdido más de un 10% en el período 1997-2002, al tiempo que más de un 15% de plantillas ha sido privatizada a través de la extensión de la subcontratación y la externalización de servicios y prestaciones). Es estas condiciones, la prolongación de jornada o la variación de horarios va a suponer, en ausencia de crecimiento de las plantillas, una pérdida de la calidad del trabajo y una merma de las prestaciones por unidad de tiempo. De igual manera y en las condiciones descritas, la movilidad geográfica y funcional va a generar un reparto de miseria, ya que el déficit de plantillas es general y un problema central.
  • Por último, con este Acuerdo la Administración no sólo no realiza ninguna concesión en los temas fundamentales, y avanza en su política de contención salarial, reducción de plantillas y aumento de la productividad por trabajador, y desregulación de las condiciones laborales, sino que, además, pretende lograr (con el apoyo de los sindicatos firmantes) paz social durante dos años en un sector seriamente golpeado y con un elevado índice de malestar (los empleados públicos del Estado español son de los peor pagados en la UE, muy por debajo de Estados como Alemania, Francia, Italia, etc.). En definitiva, el Acuerdo no responde a las necesidades de los trabajadores públicos ni de la población, actuando los sindicatos firmantes como apaga fuegos (de hecho, el Secretario de Estado de la Función Pública, Julio Gómez-Pomar, ha dado las gracias a estos sindicatos por la "responsabilidad" mostrada).