ENTREVISTA
Octavio Alberola mantiene a sus
74 años ese porte de idealista convencido, y hace gala
de un optimismo sorprendente en un anarquista que ha visto
morir a muchos compañeros. Entre ellos, los activistas
Joaquín Delgado y Francisco Granado, que viajaron a
Madrid en 1963 a las órdenes del propio Alberola para
preparar un atentado contra Franco. Otra acción violenta
se les cruzó en el camino, ya que dos compañeros
anarquistas hicieron explotar una bomba en la Puerta del Sol.
Fueron precisamente Granado y Delgado los acusados por este
atentado, del que lo desconocían todo.
Octavio Alberola, líder
histórico del grupo libertario Defensa Interior
"La Transición
fue un pacto de silencio para imponer la amnesia histórica"
El veterano anarquista continúa desde París
su lucha por la superación de clases y fronteras
Diario de noticias de Navarra. IVÁN GIMÉNEZ
- Pamplona
Granado y Delgado fueron ejecutados a garrote vil
tan sólo 17 días más tarde de su detención.
Ahora, casi 40 años después de aquellos hechos,
Octavio Alberola (responsable político de ambos en
aquella época) ha visitado Pamplona dentro de una gira
de conferencias que busca rehabilitar la memoria pública
de dos libertarios que pasaron erróneamente a la historia
como culpables. El sindicato CGT acogió el pasado martes
una conferencia de Alberola dentro de su muestra sobre el
anarquismo expuesta en Juslarrotxa.
- ¿Cómo está la actualidad del caso Granado
y Delgado? - A nivel político, solamente el PP no ha
votado a favor de la proposición que pide la revisión
del caso. Aún reconociendo que aquello fue una injusticia,
alega que esa proposición no es clara y se limita a
pedir un informe sobre este tipo de casos pendientes y sobre
el derecho de indemnización de los familiares.
- ¿Se han estudiado otras vías? -
Sí. Izquierda Unida, por ejemplo, solicita incluir
una enmienda en los próximos Presupuestos Generales
para que haya una partida que indemnice a los familiares de
aquellas víctimas. En estos días se decidirá
este tema, y ya veremos qué actitud toma el PP en el
Congreso. Esperemos que los demás voten a favor. Nuestra
labor consiste en concienciar a la opinión pública
para que al PP le sea muy difícil votar en contra.
- ¿Y la vía
judicial? - Hay un recurso de amparo
ante el Tribunal Constitucional contra la sentencia del Tribunal
Supremo de 1998 en la que desestimaba la revisión del
caso. Los argumentos del Supremo no eran jurídicos,
sino políticos, ya que valida la legislación
franquista y afirma que Granado y Delgado fueron juzgados
con todas las garantías. Esa afirmación no se
sostiene, ya que desde su detención hasta su ejecución
sólo pasaron 17 días, tiempo insuficiente para
la investigación, la instrucción y un juicio
justo. La crueldad del caso es tan grande que el Estado niega
la indemnización a los familiares porque los ejecutados
estuvieron menos de un año presos. Claro, los mataron
a garrote vil en sólo 17 días.
- ¿Por qué
se pone en marcha la campaña precisamente ahora? -
A pesar de que las decisiones del Tribunal Constitucional
no tienen un plazo estipulado, se estima que no se deben demorar
más allá de dos años. Ya ha pasado ese
tiempo, y por eso decidimos empezar el pasado mes de octubre
esta campaña para sacar a la luz el caso. Si es necesario,
elevaremos nuestro recurso al Tribunal de Derechos Humanos
de Estrasburgo.
- ¿La campaña
se limita a lograr la indemnización para los familiares
de Granado y Delgado? - No, no.
Además de actuar solidariamente con los familiares
de estas víctimas, nosotros luchamos contra la amnesia
histórica y la injusticia impuesta por la Transición,
sobre todo respecto a los crímenes del franquismo.
Estamos reivindicando la memoria histórica en muchos
casos, de desaparecidos, condenados a trabajos forzados, etcétera.
Hay una dinámica en marcha para no olvidar que la Transición
estuvo condicionada por 40 años de dictadura. Muchos
de los personajes comprometidos con aquellos crímenes
se las dan hoy de demócratas, como Fraga Iribarne,
que cuando ejecutaron a Delgado y Granado era ministro de
Información y justificó su ajusticiamiento en
radio y televisión.
Lo nuestro no se trata de mera nostalgia, sino que este esfuerzo
servirá para que las nuevas generaciones conozcan la
historia de España y cómo quedó condicionada
la democracia que tenemos hoy.
- ¿No es una crítica
demasiado fuerte contra la Transición? -
No, porque se ha vendido que se trata de un modelo exportable,
que fue una transición pacífica...Y no fue así.
En el primer año de la Transición hubo 60 muertes
por violencia política y la represión, como
evidenció un documental emitido hace poco por TV3.
Los grupos que abogaban por la democracia se sentaron a conversar
sin tener ninguna carta que jugar para obligar al franquismo
a una verdadera ruptura con el régimen anterior. Los
poderes fácticos y las instituciones represivas siguieron
en manos de los mismos. Entonces se abandonaron la mayoría
de las reivindicaciones antifranquistas, se aceptó
la monarquía, la bandera, etcétera.
- ¿Qué responsabilidad tienen las fuerzas políticas
que sentaron las bases de la Transición? -
Son fuerzas que durante la dictadura renunciaron a la oposición
activa. Primero confiaron en que las democracias europeos
les sirvieran la República en bandeja, y luego se conformaron
con esperar a que Franco muriera.
- Los anarquistas no se conformaban
con eso... - Ni mucho menos. Precisamente
Granado y Delgado eran piezas clave para atentar contra Franco.
Los libertarios nos habíamos organizado en el órgano
conspirativo Defensa Interior, en el que se creía con
firmeza que la caída del dictador traería irremediablemente
una transición hacia la democracia. España necesitaba
entrar en Europa ya en los años 60, y si los libertarios
hubieran tenido éxito en su misión de acabar
con Franco nos habríamos ahorrado una década
de sufrimientos y muchos fusilados y ejecutados con garrote
vil. Entonces sí se habría producido una ruptura,
más parecida a la que se produjo en Portugal.
- ¿Estamos pagando
las consecuencias de aquella transición? -
Sí, porque fue un pacto de silencio para traer la amnesia
histórica. Entonces se consolidó un modelo de
sociedad en la que los privilegiados no tienen que dar cuentas
por el modo en que conservan esos privilegios. De ello se
aseguraron en la Transición. Franco ya adelantó
antes de morir que dejaba todo atado y bien atado. Los comunistas
hacía tiempo que habían renunciado a la oposición
contra la dictadura, mientras que los libertarios y otros
pequeños grupos pagamos nuestra lucha con muchísimos
sufrimientos.
- ¿Por qué
no se ha recuperado públicamente esa memoria del sufrimiento
anarquista y de la represión que padeció? -
Porque ahora no estamos dentro del juego institucional, y
ni siquiera las fuerzas políticas de izquierda están
interesadas en que se reconozca el papel de los libertarios
en la oposición interna al franquismo. Eso supondría
dejar en evidencia que esas mismas fuerzas habían renunciado
a luchar contra la dictadura.
- Hablando de Europa, ¿cómo
se valora desde el anarquismo el actual proceso de Unión
Europea? - Todo lo que sea borrar
fronteras tiene nuestra simpatía. Hay muchas maneras
de vivir lo libertario, pero no apostamos por ningún
Estado. Reconocemos que la visión libertaria requiere
una reflexión más profunda que la que realizábamos
hace 30 ó 40 años. Además, en ello tiene
que participar toda la sociedad. No queremos imponer nuestras
ideas a la ciudadanía, sino que el resultado del progreso
llegue por un consenso social.
En este sentido, por encima de la Europa del capital, nos
parece positiva la libre circulación de ciudadanos
por un espacio amplio donde los intereses sean comunes. Eso
debe asentarse en una democracia de base, más real,
en definitiva más libre que la que nos están
vendiendo. En cierta manera, se demuestra que los seres humanos
no deben estar divididos por fronteras ni por patrias.
- La Unión Europea
está lejos de significar una apertura a África
o a otros países empobrecidos... - No
cabe duda de que en este mundo el hecho económico es
determinante, pero los intereses de las oligarquías
económicas europeas no son los mismos que los de los
ciudadanos. Tratan de convencernos de que defienden nuestro
bienestar, pero los libertarios pensamos que nuestro bienestar
se basa en la lucha por el bienestar de los demás.
No admitimos una Europa privilegiada con un entorno de pueblos
miserables. La Europa capitalista nos otorga un nivel de bienestar
a costa de que otros no lo tengan. El mundo alberga suficientes
riquezas, sin embargo, para que se disfrute equitativamente
de ellas.
- ¿La antiglobalización
es una nueva manera de entender y materializar la lucha izquierdista?
- Para nosotros, la antiglobalización
no es algo nuevo. Los libertarios siempre hemos dicho que
la opresión capitalista existe en todas partes. Es
una cuestión solidaria entre todos los explotados,
y por eso siempre hemos globalizado nuestras reivindicaciones.
Ahora, otros sectores se han reenganchado a esta bandera,
pero no por eso vamos a abandonarla nosotros. Estas fuerzas
se conforman con reformar el capitalismo. Nosotros, en cambio,
luchamos por que los obreros lleguen a organizarse por sí
mismos para gestionar la economía. Sabemos que es un
proceso muy largo que debe empezar por una toma de conciencia,
fase en que la que se encuentra este movimiento antiglobalización.
- ¿En qué situación
se encuentra hoy el movimiento libertario? -
Es la pregunta que se me hace siempre. Por suerte o por desgracia,
conozco la lucha en América Latina y en Europa, y veo
que lo libertario no es un movimiento, es un ideal, un horizonte
hacia donde tiene que avanzar la sociedad. Más allá
de lo que son los libertarios organizados, existe una dinámica
libertaria en el seno de las sociedades. Se defienden cada
vez más los valores de autonomía y respeto a
los derechos humanos. Ya no sólo reivindican eso los
libertarios. Muchas elites intelectuales tienen esta visión,
y las propias contradicciones del sistema han contribuido
a que esta dinámica libertaria sea cada vez más
fuerte. Se demuestra que el desarrollo capitalista es absurdo,
con riesgos incluso para la supervivencia de la especie humana.
De alguna forma, se intuye que la sociedad debe regirse por
otros valores que no sean la pura rentabilidad económica
y la estructura social piramidal.
- ¿Esta visión
no contradice la creciente obsesión por la seguridad
y los correspondientes recortes de las libertades individuales?
- La historia ha demostrado que
las conquistas laborales y democráticas no están
para siempre garantizadas. Sólo se pueden conservar
a través de la lucha. Por parte de los que mandan,
cada vez que pueden, recortan. Lo que ceden es porque están
obligados. Formamos parte de una lucha permamente, porque
no vamos a obtener nada porque nos lo dé el capitalismo,
sino porque nos lo ganaremos entre todos.
- ¿El antiterrorismo
sirve para todo? - Es una coartada
para poner en marcha una dinámica represiva que no
sirve para defender ni el estado de derecho ni la democracia.
Si no se denuncia esta tendencia, llegarán a imponerse
medidas rayanas con el fascismo.
- El ambiente internacional
marcadamente antiterrorista, ¿no dificulta la revisión
de la causa de dos activistas anarquistas como Granado y Delgado,
que planeaban atentados contra Franco? - No,
porque es falso que Granado y Delgado pusieran aquella bomba.
Eran inocentes, y los autores materiales viven y lo han reconocido.
En cualquier otro país, esto bastaría para revisar
todo el proceso. Además de no poner aquellas bombas,
las explosiones sólo causaron dos heridos de cierta
consideración. Aún así, aquello fue suficiente
para merecer el garrote vil. Las acciones del movimiento libertario
eran de carácter simbólico, no buscaban víctimas,
sólo propaganda política para denunciar la dictadura.
Hasta la Iglesia admite que los tiranos puedan ser abatidos...Por
tanto, si Granado y Delgado hubieran llegado a tener éxito
en un atentado contra Franco, muchas calles de España
llevarían hoy sus nombres. Nadie los consideraría
terroristas. |