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La CNT en la coyuntura de 1960 Unificación
y acción
Miguel González Urien
1956 trajo consigo un nuevo escenario
a la lucha contra el franquismo. Ese año vió
irrumpir a un nuevo actor: los estudiantes universitarios,
que convirtieron a la universidad en foco constante de agitación.
En los años siguientes sectores significativos de los
trabajadores de la industria, fundamentalmente, comenzaron
a protagonizar de manera creciente luchas reivindicativas
en el ámbito laboral y sindical , que no cesaron hasta
el fin de la dictadura.
La CNT, que había desarrollado
un activísima lucha contra el fascismo desde el mismo
momento en que terminó la guerra civil, se encontraba
sometida a los efectos del intenso desgaste que esa lucha
implicaba. Su estructura orgánica se resentía
de los numerosos comités desarticulados por la acción
policial. Innumerables militantes habían sido ejecutados,
encarcelados o exiliados. Valiosísimos compañeros
que habían elegido el camino de la lucha armada, como
Sabaté, Facerías u otros habían encontrado
la muerte a manos de los esbirros de Franco. Al mismo tiempo,
la CNT había participado decididamente en las acciones
políticas, que conjuntamente con otras fuerzas del
antifranquismo democrático, se desarrollaron al término
de la segunda guerra mundial, en la esperanza de que la intervención
de las potencias aliadas vencedoras del nazismo, eliminaran
a uno de los aliados de aquel: El régimen de Franco.
Aquellas esperanzas se frustraron, porque
el capitalismo internacional consideró que Franco era
una garantía para sus intereses en una zona vital de
Europa. El temor capitalista era que en España se instaurara
un régimen político apoyado por fuerzas representativas
de las clases trabajadoras, en momentos en que otra de las fuerzas
triunfadoras sobre el fascismo, la URSS, había logrado
establecer regímenes afines al suyo en toda Europa Oriental.
El fracaso de aquella iniciativa y la
consiguiente consolidación del franquismo, tuvo consecuencias
nefastas para la oposición. La CNT no fue excepción:
las divergencias internas que se venían arrastrando
desde el final de la guerra civil, abocaron a la escisión
de la organización del exilio en 1945.
A partir de ahí, el paso del tiempo fue terrible. Las
dos fracciones surgidas de la escisión de 1945, tuvieron
que hacer frente a una gradual pérdida de militantes,
tanto en el exilio como en el interior, como consecuencia
de la represión policial, pero también de la
desmoralización que les llevaba a retirarse
a la acción puramente testimonial o simplemente a la
vida privada.
A la altura de 1960, aquellos que dentro
de la militancia confederal eran conscientes de la situación,
sintieron la imperiosa necesidad de intentar la imprescindible
reunificación confederal. Para muchos de ellos la misma,
era necesaria para hacer de nuevo, posibles y eficaces, los
eventuales pactos y alianzas con otros sectores del antifranquismo
democrático, en momentos en que el interior,es decir
España, asumía el absoluto protagonismo de la
lucha antifranquista, en tanto que el exilio iniciaba su irrecuperable
decadencia. Para otras sensibilidades dentro de la organización,
la reunificación era necesaria para alentar el renacer
libertario, para hacer que las ideas estuvieran presentes
en el debate social español de aquellos años.
Y para todos, la reunificación era la única
manera de atenuar el irreparable daño que la erosión
derivada del paso del tiempo, obraba sobre los efectivos militantes.
El ansiado acontecimiento, la unidad, se produce en el verano
de 1961 en la ciudad francesa de Limoges. Aunque algunos la
aceptaron a regañadientes, la unidad de la CNT estaba
ahí, lo que permitía abrir nuevas perspectivas.
La decisión de activar la lucha
contra el régimen franquista, se plasmó de una
parte, en la reafirmación de la Alianza Sindical,
en la que estaban integradas, UGT, ELA-STV y CNT, con el fin
de potenciar en el interior de España un foco de activa
oposición al franquismo. De otra parte, se acordó
reestablecer el diálogo en el seno de la Unión
de Fuerzas Democráticas, órgano de carácter
político, en el que se agrupaban una serie de organizaciones
opositoras al franquismo, con la excepción del Partido
Comunista.
Al mismo tiempo que se aprobaban estas
resoluciones referidas a la acción política
y sindical, el congreso resolvía:
Siendo
de rigor la acción subversiva contra el régimen,la
CNT propugnará cerca de las otras fuerzas antifascistas,
se constituya un Consejo Nacional de Defensa, como instrumento
de combate que tendrá la misión de desarrollar,
coordinar y articular la lucha clandestina en el interior.
Si contra nuestros deseos y lo que recomienda el más
elemental de los deberes, no logramos imprimir a los actos
comunes esta voluntad de lucha, la CNT emprenderá sola
esta línea de combate, por considerarla la única
salvadora
.
Como era claro que la CNT iba a tener que emprender solitariamente
ese aspecto de la lucha activa contra el franquismo, el congreso
aprobó por unanimidad un dictámen secreto, mediante
el cual se creó un organismo denominado Defensa
Interior (D.I). En el dictámen se decidió
el carácter secreto del mismo, lo mismo que en secreto
debían mantenerse el nombre de sus responsables, así
como sus acciones. DI se encargaría de la selección
de personas adecuadas para la realización las misiones,
en particular en sus aspectos combatientes. Asimismo, el dictámen
hace mención a la necesidad de crear equipos de información
e infiltración en el interior, sobre todo en medios
universitarios y obreros.
Interesa señalar que la rama juvenil del Movimiento
Libertario, Juventudes Libertarias, en previsión de
la no aplicación de dicho acuerdo, elaboró un
acuerdo sobre la lucha armada, en la que afirmaba: ...recabar
nuestra libertad de acción para el caso en que la línea
de actuación conjunta fuese vulnerada o saboteada por
alguna de las otras ramas.
La presión constante de las Juventudes, obligó
al resto de los integrantes del Movimiento Libertario, CNT
y FAI, a poner en marcha la DI y nombrar a sus responsables:
Germinal Esgleas, Vicente Llansola, Cipriano Mera, Acracio
Ruiz, Juan Jimeno, Octavio Alberola y Juan García Oliver.
Pronto se realizaron las primeras acciones. En Junio de 1961
estallaron artefactos explosivos en Madrid, para posteriormente
realizar actos similares en Valencia y Barcelona y culminar
en Agosto con explosiones en el Valle de los Caidos y en San
Sebastián, en las cercanías de la residencia
de verano de Franco. La policía detuvo a muchos jóvenes
libertarios, y uno de ellos Jorge Conill Grau fue condenado
a muerte. Ninguno de ellos estaba implicado en esas acciones.
La presión internacional, forzó al régimen
a indultar a Jorge Conill Grau.
Sin embargo la presión de las autoridades francesas
y la colaboración de las policías de ambos países,
fueron dificultando la acción de DI y creando en el
seno del movimiento libertario una actitud reticente, cuando
no opuesta a esa línea de acción.
Fue entonces, cuando tal como habían decidido, las
Juventudes Libertarias asumieron la iniciativa. Se decidió
atentar contra Franco directamente. El resto ya es conocido.
Granados es enviado a Madrid en el verano de 1963, para ir
preparando la acción. Pero una serie de descoordinaciones
e imprevistos, hacen que el proyecto se frustre, que Delgado
sea enviado a Madrid para rescatar a Granados y que ambos
caigan en manos de la policía franquista.
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