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¡Un vergonzoso y prolongado silencio!
Por fin el PP acepta condenar al franquismo.
Tal era el título de un despacho de prensa del día
20 de febrero último. En efecto, el PP aceptó,
por primera vez, una condena del régimen de Franco
con un reconocimiento moral a las personas que
padecieron la represión franquista.
Durante estos veintitantos años de Transición
y Democracia, este fue ¡un vergonzoso y prolongado silencio!
No obstante, el PP volvió a quedarse solo en el Congreso
de los Diputados por negarse a concretar una partida económica
para ese resarcimiento.
Es verdad que no ha sido por voluntad propia que el PP ha
hecho públicamente esta condena, puesto que se ha visto
obligado a hacerlo para oponerse a la aprobación de
una Proposición no de ley, de todos los grupos de la
oposición, tendente a adoptar una serie de medidas
de reparación moral y económica a los
presos y represaliados políticos durante el régimen
franquista.
Poco importa si ha sido por el empeño de los que vienen
denunciado este silencio desde hace años, si ha costado
tanto rescatar la historia e imponer un deber de memoria.
Para las víctimas y los testigos de los crímenes
franquistas, lo que importa, tras tantos años de desesperanza,
es que se reconozcan, que no queden ignorados o, lo que es
peor, justificados por la violencia de los enfrentamientos
políticos de aquella época.
Lo importante es que se ha roto el silencio,
que una generación, que consciente o inconscientemente
había participado en la conspiración del olvido,
comienza a recuperar la memoria y a colaborar para que acabe
este silencio cómplice.
Que no se hable más del silencio de las víctimas,
de los que no tenían posibilidad alguna de hacerse
oir. ¡Acaso no estaban también interesados en
prolongar el silencio los medios de información! Nadie
ignora lo que ha costado obligarles a romperlo. Lo que cuesta
aún obligarles a informar del encanallamiento de la
Justicia actual. La misma (el Tribunal Supremo) que denegó,
a los familiares de Granado y Delgado, la revisión
del juicio que condenó a muerte a nuestros dos compañeros
en 1963.
Pese a ello, la verdad está en marcha. La nuevas generaciones
deben conocer lo que fue la barbarie franquista, para que
sepan reconocer la que sigue emboscada en las propias instituciones
de la Democracia.
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