Homenaje a Higinio Carrocera 

 

La CGT recordó en Barros (La Felguera) a Higinio Carrocera

Barros. Langreo
La Confederación General del Trabajo de Asturias conmemoró el sabado 21 de junio el 65 aniversario del fusilamiento del compañero Higinio Carrocera en su localidad natal, Barros en La Felguera. El acto consistió en una charla debate presentada por  Jorge Muñiz y Fernando Romero y en la que participaron vecinos, simpatizantes y familiares del histórico anarcosindicalista.

En un ambiente distendido, los presentes debatieron y reflexionaron en voz alta sobre la vida y trayectoria sindical de Higinio Carrocera y otros anarcosindicalistas felguerinos que tuvieron un papel de primera magnitud tanto en la revolución de octubre de 1934 como en la guerra civil, destacando especialmente los hombres de la brigada de Carrocera en la batalla del Mazucu, una de las más duras e importantes de la contienda del frente norte.

Tras la charla-coloquio, en la que los presentes aportaron nuevos datos sobre la trayectoria vital de Higinio Carrocera, militantes y simpatizantes de la CGT acudieron a un restaurante de La Felguera, en donde tuvo lugar una comida que puso fin a la jornada.

Por otra parte, vecinos de Barros, entre ellos algunos familiares de Carrocera, expresaron su malestar por las pintadas que aparecieron en los muros de sus casas el mismo día que se celebraba el acto y que firmaba la CNT-AIT.
 

(Texto leído en el acto
)
HIGINIO CARROCERA, REIVINDICACIÓN DE UN ANTIFASCISTA
 

"Hace algunos años un grupo de compañeros de la CGT de Asturias y Cantabria subimos al Mazucu para recordar a los anarcosindicalistas que murieron luchando contra el fascismo y desplegamos la bandera roja y negra que representa los ideales de la libertad y la igualdad, la misma que ellos defendieron.

En medio del silencio de las montañas astures ráfagas de fuerte viento en nuestros oídos, nos recordaron misteriosamente los terribles sonidos de la artillería lanzada desde el Almirante Cervera, anclado frente a la cercana costa, y el siniestro ruido de los Dornier 17 de la Legión Cóndor descargando sus bombas incendiarias contra nuestros hombres en lo que sería un precedente de las bombas de NAPALM.

Evocamos también el olor a la pólvora y quisimos imaginar lo que pensaban y sentían los milicianos de la brigada móvil de Carrocera y de Ladreda, apenas dos millares de hombres que se enfrentaban con 30.000 soldados fascistas de la I Brigada Navarra y con una enorme responsabilidad: aguantar los embates del enemigo al menos hasta la llegada del invierno y cerrarles al paso hacia Gijón, evitando así la caída del frente norte, lo que desbararataría los planes de Franco y, probablemente modificara  el curso de la guerra a favor de la República.

Allí arriba, en el Mazucu, praderías limpias, moles de rocas fantasmales, vacas pastando y las ráfagas de la brisa con olor a salitre del Cantábrico nos persuadían de que ese lugar no podía ser el escenario en el que se libró la batalla más dura de la guerra civil en Asturias, en la que, citando a Gracia Noriega, " Todavía se recuerdan en los pueblos del valle los camiones que bajaban al atardecer, cargados con los cadáveres de requetés muertos en la montaña".
 

Pero sabíamos que esa visión idílica era una engañifa. Un barniz de 60 años, un tapiz encubridor del que, a poco que uno removiera, surgirían los cadáveres, las trinchas, la munición usada, la pólvora y las trincheras.

Ese esfuerzo de imaginación que teníamos que hacer los que acudimos aquel día al Mazucu y que la realidad del momento se obstinaba en maquillar nos llevaba también a la reflexión, favorecida sin duda por el paraje y el encanto y misterio de este lugar de la sierra del Cuera frente a la costa Llanisca.

Algunos de nosotros pensábamos también no sólo en la batalla que convirtió a Carrocera en un héroe popular, en un miliciano del pueblo admirado hasta por sus enemigos que no podían eludir su gran capacidad militar. Pensábamos en la fuerza de unas ideas de emancipación y en la honestidad de unos hombres y mujeres que, por querer llevarlas a cabo, estaban dispuestos a sacrificar hasta sus vidas.

Cayó el Mazucu. La guerra la perdimos. Y llegó la represión y con ella la paz de los muertos y el amargo exilio. Pero aunque sabemos que se perdió una gran batalla, no damos por perdida la guerra contra el capital y el autoritarismo que aún libramos. Sus luchas y sacrificios no fueron en vano. Gran parte de las conquistas sociales y laborales que hoy disfrutamos y apenas valoramos (porque si no, no nos las arrebatarían tan fácilmente) fueron alcanzadas por el batallar diario de la clase trabajadora organizada. Costaron sangre, sudor y lágrimas y hoy las vemos nuevamente en peligro.

Cuando organizamos este acto algunos nos dijeron que más que un homenaje a Carrocera pretendíamos hacer un acto político. ¡Pues claro que esto es un acto político!. O alguien piensa que Higinio Carrocera es simplemente el nombre de una calle, de una brigada, de un personaje histórico sin contenido ni proyección alguna…

Higinio Carrocera representaba y representa unos valores y unos ideales concretos y tangibles. Pertenecía al proletariado militante, era un miembro activo del anarcosindicalismo felguerino y asturiano, un luchador incansable que buscaba un mundo sin opresores ni oprimidos, sin Estado ni cárceles, en donde los trabajadores tuvieran en su mano los medios de producción, en donde la riqueza estuviera repartida.

Higinio Carrocera era un hombre de la CNT y de la Federación Anarquista Ibérica y toda su vida giró en torno a los ideales del anarcosindicalismo que sólo las balas fascistas pudieron segar. Era un antifascista que contribuyó como nadie a tratar de impedir que todo lo que los trabajadores habían conseguido y pretendían conseguir fuera tirado por la borda por la reacción.

¡Claro que esto es un acto político.!

Nosotros no venimos aquí a recordar unas hazañas bélicas y a un héroe muy querido en este pueblo y en toda Asturias. No venimos a conmemorar un aniversario y aunque hace poco tiempo se cumplió el año 65 de su ejecución en la cárcel de Oviedo, lo que queremos con esta convocatoria aquí, en Barros, su pueblo natal, a las puertas de La Felguera, bastión junto con Gijón del anarcosindicalismo asturiano es REAFIRMAR, CONFIRMAR, CONSTATAR que las ideas por las que Higinio Carrocera y muchos otros compañeros lucharon, siguen vigentes y son cada vez más necesarias.

Este es un acto de voluntad, porque QUEREMOS, nos queremos esforzar en recordar aquellas gentes y aquellos hechos ocurridos en tiempos no tan lejanos aunque los gestores de la transición española, herederos del régimen franquista, pretendan transmitir lo contrario y echar tierra sobre todo lo ocurrido.

Es un acto de voluntad en un momento como el presente en el que el movimiento obrero, el sindicalismo, la legítima reivindicación de los trabajadores ha sucumbido en manos del poder político y económico con la ayuda de los sindicatos oficiales convertidos en oficinas burocráticas en las que muchos buscan el medro personal a costa de los servicios prestados al capital.

Derechos y libertades se van recortando en todo el mundo en aras de la globalización y del imperio capitalista. El empleo, CUANDO LO HAY, es precario, una basura que nos acerca a tiempos que creíamos superados en donde ganar un jornal suponía una relación de explotación rayana en la esclavitud.

Estamos aquí en La Felguera, en donde los anarcosindicalistas siempre nos encontramos a gusto, queridos, confortados. La tierra de los metalúrgicos que tendrán mucho que decir respecto al actual conflicto que se vive en Aceralia, la antigua Ensidesa . Un ejemplo de la corrupción sindical está presente en dicho conflicto. ¿O acaso no es evidente la traición de los que se dicen representantes de los trabajadores?. Los jefes sindicales se sientan a negociar con la patronal sin esperar a los acuerdos de las asambleas de trabajadores. ¡qué demócratas! Y a eso llaman responsabilidad y seriedad. Yo lo llamo simplemente desprecio a los trabajadores, irresponsabilidad y dejación de funciones.

Los compañeros de la industria auxiliar de Aceralia que hoy están en la barricada tienen un buen ejemplo  en los metalúrgicos felguerinos de hace medio siglo. Entonces no se andaban con conchabeos porque no sólo pedían mejoras concretas en el día a día sino que preparaban la revolución social porque no querían las migajas del capital y exigían el producto íntegro de su trabajo que les correspondía por justicia.

Mientras los políticos hablaban y se negaban a dar armas al pueblo, los fascistas se preparaban para el gran asalto al poder y los anarcosindicalistas felguerinos como Carrocera buscaban munición y la escondían en los vestuarios de la fábrica de Duro Felguera. Querían estar preparados porque sabían que sus reivindicaciones iban a ser aplastadas por la fuerza de las armas, como siempre había sido.

Muchos de vosotros, los menos, por vivencia persona,l otros por haberlo oído contar a vuestros padres y abuelos, recordareis octubre del 34. Las columnas de La Felguera se destacaron por su brío combativo, como luego harían tras la rebelión militar. Higinio, Onofre, Celesto el Topu, Víctor Álvarez estaban entre ellos, llevando la dinamita. Ya por entonces los anarcosindicalistas mostraron un espíritu aliancista, de solidaridad de clase con otras organizaciones sindicales, menos corruptas que hoy, demostrando su sentido de la responsabilidad y su generosidad. Ese ideal de unidad antifascista lo tuvo siempre claro Higinio Carrocera y lo demostró cuando estuvo al mando de sus columnas en su buenas relaciones con los milicianos comunistas de Ladreda.

Por todo ello vemos nosotros en Higinio Carrocera y sus compañeros un modelo a seguir. Un hombre valiente, generoso y responsable, cálido y enérgico, firme y humano. Que demostró valor y tenacidad en la lucha y generosidad y humanidad en los triunfos y victorias de su batallón.
 

Hay que recordar que fue Higinio Carrocera quien, en el asalto al cuartel de zapadores de Gijón, que se había alzado contra la República, y tras acceder al recinto militar a golpe de dinamita, evitó lo que sin duda acabaría en una matanza fruto de la tensión vivida y la rabia por los compañeros muertos. Subido en un muro y gritando a pleno pulmón consiguió contener la ira de los suyos al recordarles que dentro estaban prisioneros aún varios oficiales leales.

Carrocera y sus columnas estaban allí donde más se necesitaba. Su audacia y su gran capacidad militar y el buen guerrear de los suyos convirtieron su brigada  en mítica, que insuflaba valor y seguridad a las tropas a pesar de la superioridad del enemigo. Contuvieron a las columnas gallegas franquistas e hicieron posible la primera victoria republicana en campo abierto, lo que demostraba paradójicamente la capacidad militar de un antimilitarista ideológico.

Al igual que Durruti en Aragón, Cataluña y Madrid, fue Higinio Carrocera el símbolo de las milicias de la CNT en Asturias, junto con Víctor Álvarez, Onofre García o Celesto El Topu.

Por su actuación en el Mazucu, Carrocera recibió una de las principales distinciones honoríficas de la República: la Medalla de la Libertad, que no llegó a recoger porque según dijo su sitio estaba en las trincheras con sus hombres. Desde entonces, y citando a Juan Antonio de Blas, el Mazucu tuvo ya un héroe popular y Asturias otra leyenda épica.

Su final nos revela también su dimensión humana. Detenido y condenado a muerte, el enemigo, sabedor de su capacidad militar, le ofreció suspender su fusilamiento si aceptaba una unidad militar franquista, a lo que Higinio se negó, prefiriendo el pelotón de ejecución a traicionar a los suyos y como antes hiciera Juan Peiró ministro de la CNT con Largo Caballero cuando eligió el fusilamiento a dirigir la CNS como le proponían a cambio de su libertad.

Como cuenta el compañero Ramón Álvarez, el día de su fusilamiento en Oviedo dejó una carta dirigida a su tía Perfecta Mortera en la que dice "muero con la mayor tranquilidad que en estos momentos se puede tener, puesto que la conciencia de nada me acusa no teniendo más pesar que el estado en que quedan mi madre y hermanas".

El propio Ramón custodia un dije con una foto de su sobrina en donde de su puño y letra informa de su fusilamiento el 8 de mayo de 1938. Al dorso escribió: "muero por la libertad". 

(F. Romero, Barros 21 de junio de 2003)